¿POR QUÉ 45 MINUTOS A LA SEMANA NO SON SUFICIENTES?


Piensa en algo que tu hijo hace durante 45 minutos. Comer, bañarse, jugar, leer, hacer los deberes … y seamos sinceros, ver la tv, jugar a la consola…


Y ahora imagínate que para cada una de estas actividades sólo tuviera 45 minutos, pero en total, a lo largo de la semana. Insuficiente, ¿no? Pues eso es lo que tienen nuestros hijos de educación musical en el colegio. Sí, sí. A la semana. En total. Tres raquíticos cuartos de hora.


Los seres humanos, y esto incluye a los niños (aunque a veces a algunos parece que se les olvida), necesitamos desarrollarnos en 3 niveles: el intelectual, el físico y el espiritual. Mente, cuerpo y espíritu. Pero, como dice Ken Robinson, a veces parece que el cuerpo sea un mero transporte para llevar la cabeza. Así se sostiene la educación hoy en día. Y pasa lo que pasa.


La parte intelectual se lleva la palma en la escuela. Clases de matemáticas, lenguaje, idiomas, ciencias, etcétera. Y muchos deberes, y lecciones aprendidas de memoria, y exámenes…


La parte física se desarrolla mediante la asignatura de Educación Física. Aquí los padres parecen tenerlo más claro y las apymas suelen ofrecer deportes variados generalmente desde la competición (fútbol, baloncesto, natación, multideporte, balonmano…) Es muy importante puesto que los niños necesitan movimiento. Liberar, soltar, quemar… y esto les viene muy bien y es muy importante.


Pero ay… la parte espiritual… Con espiritual, me refiero a la que mueve y educa el espíritu propio de cada individuo. Y eso se consigue por medio del arte, por ser vehículo de expresión, canalizador de emociones, de sensaciones, generador de belleza.



Y es que algo hemos entendido muy pero que muy mal, si pensamos que la música (o cualquier otra disciplina artística) en la escuela, está puesta para que los niños aprendan nociones teóricas. Que no, que así ya nos estamos yendo a la parte intelectual. La música no es tocar la flauta ni conocer la biografía de Beethoven. Como bien sabéis si habéis leído anteriores posts, no creo que todos los niños deban tener nociones de armonía, ni saber coger un dictado musical, ni siquiera tocar un instrumento (esto lo deberían hacer los niños que realmente tienen ese interés concreto, que los hay y muchos).


Las disciplinas artísticas en la escuela deben encargarse de la parte emocional del ser humano. Si se racanea en música, que junto a las artes plásticas son la educación artística, se pierden los valores que con ella se adquieren, como son la imaginación, la creatividad, la empatía, la solidaridad, la expresión, la escucha, la paciencia, la delicadeza, la sensibilidad, el amor por la belleza… ¿Sigo?


Por lo tanto, es un deber de la sociedad que los niños reciban una educación musical y artística en la escuela pública. Y con tan poco tiempo, es imposible. Las cosas importantes requieren su tiempo.


La educación actual no trata a las personas en su integridad. Se infravaloran puntos esenciales en la formación de la individualidad. Creamos copias, todos aprenden lo mismo, de la misma manera… ¿Cómo no vamos a vivir en una sociedad enferma si desde la escuela estamos negando a los niños, que son nuestro presente y nuestro futuro, los valores más importantes? Los que no se aprenden en un libro, los que no se pueden examinar.


Precisamente esta falta de sensibilidad sólo puede traer más de lo mismo. Tenemos niños hiperestimulados desde fuera, pero no les dejamos parar a su ritmo, y disfrutar de las pequeñas cosas. Una melodía, el canto de un pájaro. La vibración de dos campanillas. El sonido que produce su garganta al comenzar esa canción que acaba de recordar…

La música no sólo son conceptos. Eso es lo de menos. La música es pasión por vivir, es no tener miedo a expresarse, es nuestro vehículo y canalizador de emociones. La música es nuestra alma. Debemos ofrecer herramientas a nuestros niños, darles posibilidades para que sus espíritus vuelen libres, alto, alto.


Tristemente esta sociedad lleva muy mal eso de educar en las emociones, en la sensibilidad y en la expresión. ¿Por qué hay tanto miedo a la sensibilidad?